Estimulación Temprana

El Libro Blanco de la Atención Temprana, editado en al año 2000, la define con las siguientes palabras: “conjunto de intervenciones, dirigidas a la población infantil de 0-6 años, a la familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, deben considerar la globalidad del niño.”

La detección de la mayoría de las deficiencias se realiza en el período perinatal, alrededor del nacimiento. Este descubrimiento abre la posibilidad de iniciar la intervención o tratamiento lo más tempranamente posible.

En la actualidad es, por norma, admitida la necesidad de estimular de forma adecuada al niño durante su período de crecimietno, con el fin de potenciar la maduración personal, social, e incluso para limitar –o en su caso, para impedir,– las alteraciones de su desarrollo.

La importancia decisiva de la atención temprana durante la fase inicial del crecimiento, se fundamenta en los siguientes motivos:

1º – Las bases del desarrollo de las capacidades fundamentales tienen lugar en los primeros años de vida.

2º – Desde el nacimiento, los procesos madurativos y de desarrollo son posibles gracias a la interrelación e interacción del niño con el medio. Por ello, la estimulación temprena cobra especial relevancia desde las primeras edades y tiene singular significado en aquellos niños que presentan algún tipo de necesidad especial, ya sea como consecuencia de alteraciones en su desarrollo o por deficiencias en el nacimiento.

Es por ello que la asistancia en intervención temprana debe posibilitar que desde el comienzo de las primeras experiencias en el niño se garantice el máximo desarrollo global de todas sus capacidades, a través a de una acción integradora en todos sus aspectos.

3º – Las primeras edades constituyen un período vital, caracterizado por un potente y cambiante ritmo evolutivo y de desarrollo, donde la plasticidad y flexibilidad de las estructuras fisiológicas y psicológicas adquieren y poseen un máximo exponente decisivo para su desarrollo posterior. Desde este punto de vista cualquier anomalía de las capacidades debe ser compensada lo más pronto posible, a fin de evitar limitaciones en su posterior evolución.

La Atención Temprana (o “estimulación precoz”, como se la denominaba antes) se enfocaba a grupos de niños con patología instaurada y tenía un carácter rehabilitador y asistencial; en la actualidad, los objetivos de la intervención se abren a la población de riesgo, primando la atención preventiva y el tratamiento global (familiar, social y educativo, además del sanitario). Se busca evitar futuras discapacidades en aquellos problemas del desarrollo que puedan ser transitorios o derivados de una situación de riesgo y/o atenuarlas en aquellas situaciones de trastornos permanentes, desarrollando al máximo las capacidades del niño que le permitan autonomía personal y una integración familiar, escolar y social.

Así, la detección precoz y la atención temprana son claves para evitar, prevenir o atenuar discapacidades.

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